El valor de la vida

La epidemia de depresión, ansiedad, trastornos psicológicos y hasta suicidio que sacuden a esta mal llamada sociedad de consumo debería invitarnos a reflexionar sobre el valor de la vida y lo que verdaderamente necesitamos para una vida plena y dichosa.

Cada vida es única y valiosa en sí misma. Más allá de la indispensable cobertura de nuestras necesidades básicas, la felicidad no se encuentra en el consumo o la acumulación de bienes materiales, como trataron de hacernos creer, sino que la hallamos en todo aquello que no tiene precio : el amor, la amistad, la naturaleza… Apreciar y valorar los grandes regalos de la vida, es un primer paso para amarla y protegerla, uniendo nuestras fuerzas con las de todas las personas cuya sensibilidad humana haga palpitar su corazón al unísono con el de la humanidad.

El valor de la vida es una vida con sentido y con valores. Los valores como la generosidad, la bondad, la sabiduría, la integridad o la valentía nos hacen humanos. Casi todo el sufrimiento que padecemos nos lo causamos nosotros mismos y los unos a los otros, por causa de la falta de valores humanos que permiten la extensión de la codicia, la maldad, la envidia, el rencor… Tras cada vulneración de los derechos humanos hay alguien que hizo incumplimiento de sus deberes o valores humanos. Hasta que no comprendamos esto, nada cambiará. Y, para que cambie, tenemos que comenzar por cambiar cada uno de nosotros, cultivando lo mejor de nosotros mismos para ofrecerlo a los demás.

El sentido de la vida se relaciona con la dirección hacia la que dirigimos nuestra mirada y orientamos nuestros pasos. Y el sentido de cada una de nuestras vidas apunta en la dirección del desarrollo de nuestro potencial humano e individual, poniéndolo al servicio del bien común. Porque somos capaces de las mayores grandezas y las peores bajezas, según orientemos nuestra voluntad hacia el bien común o el egoísmo. Una libre elección que puede darnos como resultado un planeta devastado o una civilización verdaderamente humana, una vida personal vacía o plena y con sentido.

Para que los ideales de un mundo mejor adquieran fuerza, basta con que una sola persona crea en ellos y actúe por alcanzarlos. Los demás se suman, porque esto es lo que necesitamos, sumar nuestras fuerzas. Y esto es lo que os proponemos a todos cuantos formáis parte de esta Generación Human@: unirnos en red por el cambio social que tanto necesitamos y anhelamos.